El placer de leer… o de no leer

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Hoy me encuentro leyendo tres libros a la vez- Los hermanos Karamazov, Inferno y Think and grow rich– . Quizá para otra persona no sea algo del otro mundo pero para mi es asombroso. Hace unos diez años atrás, vivía bajo la premisa de nunca dejar un libro sin terminar,  hoy en día , si cae en mis manos alguna “chapuza” la puedo dejar por la mitad-o en la segunda página- sin el menor de los remordimientos. Algo así me pasó con “El Secreto”,  de Rhonda Byrne. Alguien me lo recomendó con tanta emoción, que causó en mí un estado de esperanza, de secreta ansiedad. El primer capítulo no me inspiró nada, el segundo sí: un total desacuerdo con la autora. Aquí está el tomo, guardando polvo y sirviendo de pisapapeles, no creo que vuelva a poner mis manos sobre él (aunque no escupiré al cielo porque ya saben lo que puede pasar…)

Antes no podía aguantar la tentación de terminar un libro, de ver qué pasaba. Ahora, no sé si  el trabajo, el esposo y  los compromisos me han hecho cambiar, o tal vez he llegado a un estado de conciencia en el que no me permito perder un minuto de mi tiempo en algo improductivo o poco satisfactorio.

Me acechan desde el escritorio, el velador y el librero lo libros no terminados. Lo lamentable es que en mi decisión de alertar a otros con mi humilde opinión, ahora tengo un montículo de  libros que no he terminado y de los cuales no me atrevo a emitir una crítica,  quién sabe, tal vez en la página 1000 comenzó a ponerse interesante y … me equivoque en la crítica.

Ese es el compromiso del crítico, quieres compartir con otros tu opinión pero sencillamente no tienes el tiempo para leerte un ejemplar que solo te causa contradicciones y desapego. Vas a la librería -o a Amazon- y te gastas 20 euros en el último bestseller , solo para sufrir un desencanto total.

Y te preguntas : ¿Cómo es que nadie me dijo esto?

(Basado en la experiencia con “50 sombras de Grey”; sí, tuve la desdicha de leerlo completo )

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